
Noticias Argentinas difundió que el economista Ricardo Arriazu trazó un diagnóstico dual sobre la actualidad económica argentina durante su exposición en la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco): advirtió sobre la delicada situación que atraviesa el sector de la construcción, pero al mismo tiempo planteó un escenario de fuerte optimismo respecto de las perspectivas macroeconómicas del país.
“Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”, resumió Arriazu al referirse a las oportunidades que, a su juicio, enfrenta la Argentina en los próximos años.
Al analizar la situación de la construcción, el economista señaló que la actividad acumula una fuerte contracción desde 2023, impulsada por la caída de la inversión pública y las limitaciones para acceder al financiamiento.
“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%. En viviendas y crédito hipotecario estamos en un stock mínimo. Invertimos menos que la depreciación de las viviendas”, sostuvo.
En ese contexto, afirmó que la recuperación del sector dependerá principalmente de la consolidación de un proceso de desinflación sostenido. “La clave es eliminar la inflación, pero eso toma tiempo”, señaló.
Como alternativa para reactivar el financiamiento habitacional, propuso avanzar en mecanismos de crédito indexado, aunque advirtió sobre las limitaciones actuales del sistema. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, indicó, al tiempo que sugirió la creación de instrumentos que permitan compensar las diferencias entre la evolución de ingresos y cuotas.
Arriazu también cuestionó la ausencia de mecanismos de ahorro de largo plazo en la economía argentina y consideró que parte de los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad podrían orientarse al financiamiento de proyectos vinculados a la construcción.
Pese a las dificultades que atraviesan algunos sectores de la actividad, el economista proyectó una evolución favorable para la economía en el corto y mediano plazo, impulsada por una mejora de las exportaciones, la actividad agropecuaria y el crecimiento de los sectores energético y minero.
Según sus estimaciones, la economía podría crecer este año alrededor de 3,5%, aunque aclaró que la evolución final dependerá de distintos factores vinculados al comportamiento del mercado cambiario y a las decisiones de ahorro e inversión.
Asimismo, sostuvo que si la Argentina logra consolidar un escenario de estabilidad macroeconómica y evita las recurrentes crisis de balanza de pagos, el crecimiento potencial de largo plazo podría duplicarse. En ese marco, consideró que la construcción tendría margen para expandirse a un ritmo superior al del conjunto de la economía.
Uno de los aspectos centrales de su exposición estuvo vinculado al frente externo. Arriazu afirmó que revisó al alza sus proyecciones de superávit comercial para este año debido al desempeño de las exportaciones.
“El saldo de los últimos doce meses de la balanza comercial está muy por encima de mis proyecciones. Yo tenía un superávit para este año de 13.500 millones de dólares. Ahora estoy en 20.000 millones de dólares con superávit en cuenta corriente”, señaló.
El economista atribuyó esa mejora a un incremento estimado de US$20.000 millones en las exportaciones, impulsado principalmente por sectores vinculados a los recursos naturales.
En ese sentido, sostuvo que la economía argentina atraviesa un proceso de transformación productiva en el que los sectores generadores de divisas —como la minería, la energía y el agro— ganan protagonismo frente a otras actividades más intensivas en empleo.
“El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto y cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, afirmó.
Respecto de la política cambiaria, Arriazu defendió la estrategia oficial y consideró que una devaluación hubiera comprometido el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, aseguró.
Además, sostuvo que un eventual éxito del proceso de estabilización derivará en una economía con costos relativos más elevados. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, afirmó.
Por último, destacó el potencial que, a su entender, tiene el sector energético para transformar la estructura económica del país durante los próximos años.
“Para 2030 vamos a estar exportando solo de energía más de 30.000 millones de dólares. Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.